Una de las principales actividades cuando llegas a París, es sentarte en una de sus encantadoras terrazas, que desde hace más de un siglo dan vida a la ciudad de la Luz y desde donde se puede contemplar la vida pasar.

 

ELLAS, las grandes confidentes de tantas historias que nunca serán contadas, y desde ELLAS, donde se descubre el ritmo de la ciudad, como viven sus gentes sin importar si es invierno, primavera, otoño o verano, donde con o sin marisco pasar un ratito allí sentados, disfrutando un “café au lait”,  es un “must” a tener en cuenta en el listado de momentos felices de nuestra vida.

 

 

 

 

Si algo hace que esas terrazas sean tan especiales y carismáticas, además de las historias de sus gentes, es indiscutiblemente la silla Drucker, nacida durante la “Belle Epoque” en un pequeño taller de la mano de un artesano del ratán, Louis Drucker, pasando a ser un ícono del diseño en todo el mundo y convertida actualmente en la embajadora de la alegría Parisina. Además, desde el año 2007 es portadora del título “patrimonio vivo de Francia”.

 

 

 

 

Pieza única y emblemática con personalidad propia, muy apreciada por interioristas y decoradores, que además de camaleónica y adaptable con facilidad a cualquier ambiente, tiene la capacidad de dotar de gran exclusividad cualquier espacio.

 

 

 

 

La fabricación de esta silla es completamente artesanal, transmitiéndose de generación en generación el diseño y su exclusivo desarrollo  por  la casa Drucker. Fabricada con una fibra vegetal similar al mimbre que se obtiene de la palmera tropical pero mucho más flexible para trenzarla con facilidad, nace a finales del siglo XIX cuando surgió la moda de la alta sociedad  de sentarse en los jardines a conversar y nació la necesidad de crear muebles que fuesen resistentes a la intemperie y que a la vez fuesen muy decorativos y elegantes.

 

 

 

A día de hoy es una silla con indiscutible diseño y personalidad, con mil historias por contar y mil historias más que nacerán gracias a ella…

… Nos gusta la silla Drucker …

 

© Raimon Parera / Arc Disseny