Desde que el hombre empezó a disponer de su propio hogar, siempre ha habido una influencia directa con su entorno y nuestro bienestar físico, psicológico y emocional, y es que las distintas formas y colores de nuestro entorno tienen una conexión directa sobre nuestro cuerpo y nuestra mente.

El color rojo, por ejemplo, se relaciona con la pasión, la impulsividad y el peligro, y ejerce una importante influencia sobre el humor de las personas. El uso abusivo de este color puede producir agobio, aunque su uso moderado en pequeños detalles aporta un toque de calidez.

El color blanco está asociado a la pureza, al frescor y a la paz, y transmite una sensación de limpieza, modernidad y estimula la creatividad. Es ideal en ambientes amplios porque refleja más la luz.

Sin embargo su opuesto, el negro, se asocia más a lo solemne, al dolor, a lo formal. El negro, al contrario que el blanco, absorbe la luz. Hay que ser muy sutil a la hora de utilizar el negro en un espacio, porque si se abusa demasiado éste puede provocar estrés y sentimientos negativos.

Las formas irregulares de un espacio  transmiten incomodidad y caos, así como las formas ordenadas nos contagian paz y serenidad. Lo mismo ocurre con la dirección de las siluetas de los elementos de una habitación: la horizontalidad invita al descanso, y la verticalidad nos da actividad.

Es por eso que, cuando decidimos el diseño de interiores de nuestro ámbito, estamos, asimismo, tomando decisiones sobre cómo nos afectarán estos colores o formas cada día y cómo afectarán a los demás.