Cada obra de diseño de interiores se compone de distintos materiales que, combinándolos con equilibrio, forman unas sensaciones u otras. Como hemos dicho en anteriores publicaciones, la luz y sus variaciones juegan un papel fundamental para formar un espacio que sea digno de llamarse diseño.

El brillo de ciertos materiales, si se mezclan correctamente con la luz del hábitat, pueden crear una simetría con su reflejo, dando, de paso, un efecto de pureza y limpieza. Los materiales brillantes como los cristales crearán refracción y es que la misma física la que hará posible este efecto imposible de conseguir con los materiales mate.

Una opción inteligente para reflejar todos los muebles y elementos globalmente son los pavimentos brillantes, que con textura se obtiene una irregularidad incluso hermosa. Los pavimentos brillantes lisos reflejan con más exactitud pero a menudo son una incomodidad por su mantenimiento y sus posibles arañazos, y es por eso que habitualmente se opta por pavimentos brillantes con textura satinada.

Relacionado con los reflejos de la luz, otro efecto también atractivo es contar con muebles lacados en alto brillo. Esta opción, y especialmente con el color blanco, consigue un resultado de refexión directo con los elementos de decoración que tengamos sobre ellos: jarrones, velas, copas, cuadros…

La razón por la que una obra de interiorismo es hermosa de realizar es porque hay infinitas combinaciones, ya sea con materiales mate o brillantes, oscuros o claros, naturales o sintéticos pero, sea el estilo que sea, cada uno tiene el punto de ecuanimidad que hay que alcanzar para la armonía total del espacio que crearemos.