El diseño de interiores se encuentra en constante cambio, con nuevas tendencias y estilos. El minimalismo se ha convertido en un clásico, procedente de la década de 1920, con líneas geométricas puras, horizontales, verticales e incluso zigzag y con colores sutiles y puros. Los diseños minimalistas destacan por su elegancia e inteligencia en la distribución y elección de cada objeto del diseño. Aquí es donde entra el conocido menos es más o hacer más con menos, y el simplificar para airear un

espacio de todos los elementos no indispensables, dividiendo espacios por necesidades y dotando de funcionalidad cada ingrediente de la habitación. Es por eso que un espacio vacío es tan importante, porque ese vacío destacará con más intensidad e importancia los elementos que ahí se coloquen.

Los muebles deberían ser de una funcionalidad justa e imprescindible para el espacio; no demasiado voluminosos y con líneas rectas y puras, en coherencia con su entorno.

La luz también juega un papel importante en el interiorismo minimalista, porque ésta debe ser sin demasiadas separaciones, sino un todo. Es por eso que el cristal es un material muy empleado en este tipo de diseños.

El minimalismo dota de elegancia y bienestar un hogar (u oficina) y es una tendencia que se repite y permite muchas variaciones dentro de la aparente simplicidad de su configuración.