La luz juega un papel fundamental en la proyección del diseño de un interior. Hay que lograr un equilibro entre luz artificial y natural, así como las sombras que ésta proyectará y los reflejos que generarán los materiales expuestos: los colores oscuros absorberán la luz, mientras que los blancos la potenciarán. Cada espacio es un mundo y cada uno tiene sus necesidades lumínicas, dependiendo de las sensaciones que se quieran transmitir, la ubicación del espacio y de su fin.

Aunque actualmente contamos con una avanzada tecnología y de técnicas de luminosidad para que sea lo más semejante posible a la luz natural, a todo el mundo siempre suele atraerle la luz natural, y es que instintivamente lo relacionamos con la salud, el bienestar y la calidez que nos transmite.

Pero, ¿qué ocurrirá con esa deseada luz cuando anochezca, o simplemente cuando las aberturas al exterior sean escasas? Ahí tendremos que recurrir a luz artificial, que nos ofrece infinitas posibilidades, así como la de emplear luz cálida, luz fría o una mezcla de ambos, y también es entonces cuando la luz tiene una relación directa con la sensación que tenemos al estar dentro de un ambiente; variando su ubicación, su intensidad, su color. Algunos rincones, dependiendo, entre otras cosas, de su uso, necesitarán calidez y otros luz más fría, y es que no todos requieren los mismos niveles de intensidad lumínica.

En el interiorismo es un punto clave el aprovechamiento de la luz natural, así como alternarla con la iluminación artificial.